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CAPITULO I
Corría uno de los años de la década de los 40 y ya había egresado de La Fraternidad con dos títulos. La ilusión forjada en mi mente durante todos los años de mi vida estudiantil, se desmoronaba como castillo de naipes al ver lo imposible de seguir estudios universitarios. Quiero pasar por alto las razones que hubo para no lograrlo, porque ya lo he expuesto antes en mi libro MI JUTICALPA Y YO. Avido de mayores conocimientos, y con la sed insaciable de los que quieren abrirse paso en la vida con gonfalones de victoria, Juan-el mismo que describo en mi ya mencionado libro- y yo, decidimos seguir estudios por correspondencia. Juan ya había obtenido su Bachillerato en Ciencias y Letras en el Instituto SAN MIGUEL de Tegucigalpa, pero igual que yo, vió frustradas sus ansias de ir a la Universidad. No sé como hubimos la dirección de las Escuelas Internacionales para la América Latina cuya sede matriz esta en San José, California, en los Estados Unidos de Norte América. El caso es que nos matriculamos: Juan optó por un curso de Topografía y yo por un uno de Radio. En estos momentos, considero yo, empezó a gestarse RADIO JUTICALPA. CAPITULO II
Al decidirme por el curso de Radio, me imaginé que en la primera lección me empezarían a enseñar la historia de esta maravillosa ciencia que revoluciona al mundo cada día. Desde Hertz con su descubrimiento de las ondas que hacen posible llevar sonido a través del éter; creía que me enseñarían quien fue Marconi con sus experimentos que culminaron con el telégrafo inalámbrico; que conocería a De Forest con el primer tubo al vacío para receptores heterodinos y de esta manera haberme empapado de todos los pormenores de su historia, pero no fue así, y a cambio de las cosas reseñadas, el primer cuaderno de estudio contenía los principios básicos de la aritmética aplicados a las cuatro operaciones con enteros empezando por la de sumar; aquello me extrañó mucho pues suponía que los Directivos de las Escuelas debían percatarse previamente de la capacidad académica de sus alumnos y a mí me estaban tratando como a un párvulo. Siguieron llegando los cuadernos de estudio y yo enviando con exacta regularidad los correspondientes exámenes los que, lógicamente, me regresaban con una alta calificación pues yo empecé a jugar con los números desde los años de mi escolaridad. Cuando habían transcurrido algunos meses y en mi curso no me decían nada de Radio, llegué hasta sospechar que se habían equivocado y me estaban dando un curso diferente cuyo primer paso eran las matemáticas. Con ese impetuoso orgullo juvenil propio de los inmaduros, decidí, de manera radical no continuar los estudios pues me sentí defraudado. Pasaron los días y yo no sé por cuantos caminos anduvo mi planta peregrina, vislumbrando horizontes y acariciando ideales. Cuántos sueños forjados en mi mente febricitante y acaso angustiada. Una estrella muy lejana brillaba tenuemente en mi límpido cielo de muy altos ideales, iba tras ella con paso macilento, solo añorando el día en que pudiera asirla entre mis manos y levantándola con mi estandarte de victoria, enclavarla con orgullo legítimo en las mas altas cumbres de la geografía olanchana. Este era mi supremo anhelo, mi más íntima ilusión. |