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RESISTENCIA VERSUS GOLPISTAS

Desde el 28 de junio a la fecha, para bien o para mal, la historia hondureña ha cambiado y aquellas marcadas diferencias entre conservadores e izquierdistas, aparentemente sepultadas con la desaparición de la Guerra Fría, han vuelto a florecer y con más vehemencia, quizá, que en la fatídica década de los 80´s, donde todo aquel que se ufanara de seguir el ideal socialista o comunista, era visto como un auténtico ñángara siendo obviamente amenazado, desterrado, asesinado o desaparecido. Esa fue una página negra en la historia hondureña, tan negra que quizá nada la pueda limpiar, ni siquiera el arrepentimiento de los culpables. Así que, en torno al histórico acontecimiento sociopolítico acaecido el 28 de junio, la derecha y la izquierda hondureñas vuelven a la palestra y nos hacen recordar la década perdida y cada quien, según sus intereses o convicciones, defiende a muerte sus preferencias políticas, con lo que, nos queda muy claro, nada ni nadie les hará cambiar de parecer. Por ejemplo, lo del 28 de junio para la Resistencia es un auténtico Golpe de Estado; para los seguidores de Micheletti es una Sucesión Constitucional. Y ni a unos ni a otros, nadie los va a sacar de ahí. A los seguidores de Mel nadie los va a convencer de que lo que hicieron los militares ese día fue correcto; para los seguidores de Micheletti, los de moteado son unos héroes.

Para unos, Mel es un nuevo prócer nacional; para otros, Mel es la viva reencarnación del anticristo. Para un sector de la población, Micheletti es el más grande golpista en la historia de Honduras; para otro sector, Micheletti es el hondureño más valiente, democrático y patriota. La sociedad hondureña está fraccionada y ni el promocionado diálogo “Guaymuras”, ni las elecciones del 29 de noviembre, podrán lograr que las diferencias políticas de nuestra población sean superadas. Esta es una guerra entre La Resistencia y Los Golpistas, donde los primeros insisten en la instalación de una Constituyente y los segundos enfilan sus baterías en juzgar al Presidente depuesto. Esta es una guerra que ni Pepe ni Elvin, los más fuertes aspirantes, podrán terminar, primero porque ellos se han visto involucrados en su concepción y segundo, porque no se les percibe el liderazgo suficiente para inducir a la hondureñidad a una reconciliación nacional, donde al final del camino haya perdón, entendimiento y comunión, sin rencores, sin hipocresía, y donde no haya ni vencidos ni vencedores. Pero ojalá nos equivoquemos y para bien de la patria, que aparezca un auténtico líder que sea capaz de unificar criterios entre Resistencia y Golpistas y que logre que los que están arriba cedan un poquito en sus intereses de poder, para bien de cada ciudadano hondureño y de la patria en general.
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